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En "Ácido de batería y aromas de canela" hallamos un mundo completamente distópico que se va trasformando en utópico. Con un comienzo gris, apagado, triste y depresivo, al avance del relato se va generando color, humor, alegría y luz.
La obra es una odisea, una búsqueda, por parte de una niña que, en un futuro indeterminado, nacida en un mundo al cuidado de los robot, decide encontrar la Torre, porque "alguna torre debe haber"
Ella es Dana, y huele a canela, en un mundo donde ya nada huele a nada. Y de ahí parte del título de la obra; aromas de canela. El ácido de batería debe ser descubierto en la lectura.
La novela sólo presenta a dos personajes, y les sigue en su evolución en un mundo que se ha olvidado de la alegría y también de la pena, un mundo que sencillamente transcurre.
Inspirada por las lecturas que hizo en una antigua biblioteca perdida, Dana llega a la conclusión de que debe encontrar la Torre, tras leer en libro tras libro que hay torres por doquier; las de Tolkien en el Señor de los Anillos, la de Stephen King, la Torre Oscura con el Rey Carmesí, la de Morgana, la de una rara muchacha con una larga melena dorada... De modo que quiere conocer una Torre y escapa de sus cuidadores, tropezando con Eli, un robot liberto, al que le pide que la acompañe en su aventura.
Dana y Eli terminarán por ser familia, ver antiguas películas, comer muchos dónuts y bailar el Continental en un antiguo estadio. Siguiendo referencias literarias correran pequeñas grandes aventuras. Serán vernianos y serán el propio Corto Maltés. Y conocerán torres...
Una aventura optimista que habla de libros, de muchos libros, de como abren la mente, la imaginación y el alma esos libros. De las posibilidades de vivir, de amar, de soñar, aún cuándo todo esté ya vivido y soñado. Dana es una fuerza de la naturaleza que no se detendrá ante nada con tal de subir a una Torre. Eli la seguirá asombrado ante esa actitud desconocida hasta entonces para él en ningún ser humano.
En esta segunda edición anotada hay una buena selección de notas a final del libro para entender y conocer mejor las referencias literarias e históricas que guían a los dos protagonistas en su aventura.
En resumen, Ácido de batería y aromas de canela bebe de las obras de distopia de los años cincuenta y sesenta, de autores como Ray Bradbury, Aldous Huxley o Robert Anson Heinlein, pero con un tono mucho más inocente, y desde luego más optimista.
Para Dana, sus libros eran más vida que la vida misma, y por eso decidió ir a ver si en realidad valía la pena salir al mundo y buscar un Vellocino de Oro, un Anillo Único... o una Torre.
"...Y abajo, en lo que fue la planta inferior de la biblioteca, había libros. Cientos. Miles. Libros raros, que no se leen cuando dices que se lean. Ni siquiera se abren cuando dices que se abran. Los tienes que abrir tú, con las manos (y Dana levantaba sus manos para que Eli tuviera claro a qué se refería) Y no puedes marcar la parte de la historia por la que vas.
- Bueno... sí puedes. Al final descubrí que, si doblas una esquina de la hoja, puedes cerrar el libro para ir a beber agua, y luego te sirve para saber dónde estabas. Peeeero -alargó de nuevo Dana la palabra- luego leí en una revista, que es cómo un libro, pero con menos categoría, que los que doblan las esquinas de las páginas de los libros son unos brutos y merecen que les corten los dedos y les arranquen los ojos. Y dejé de hacerlo. Descubrí en la biblioteca unos papeles, alargados, que al parecer son para marcar las páginas. Se llaman marca páginas, por cierto.
- Los dedos y los ojos... -Eli no salía de su asombro"
Y así es como Dana, día tras día, le descubre a Eli que vivir es algo más que el pasar de los días y las noches...
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